
Jeff Burton tenía 21 años en 1988 cuando llegó a las divisiones nacionales de NASCAR en un auto de Busch propiedad de su padre. Pasaron más de cinco años hasta que tuvo su oportunidad en un auto de la Copa, en un equipo, de Fil Martocci, que nunca había competido en el máximo nivel. No fue sino hasta 1996 --ocho años después de haber llegado a las grandes ligas de NASCAR- que finalmente contó con un coche capaz de ganar carreras y pelear por un campeonato, lo cual ocurrió al subirse al Nº99 de Jack Roush.

La tarea que enfrenta Joey Logano es simple: hacer todo en un primer nivel tanto dentro como fuera de la pista.
Burton tenía 29 años en ese entonces, y había trabajado durante casi una década para escalar en su carera y asegurarse un asiento en una de las organizaciones de elite de la Copa. Comparen eso con el rápido ascenso de Joey Logano, quien a los 18 años de edad tiene asegurado un auto de Joe Gibbs Racing que ha ganado tres títulos en el máximo nivel de NASCAR --y antes de siquiera haber debutado en la Copa Sprint.
Pero Burton --que no era parte de ningún programa de desarrollo, y condujo para Stavola Brothers antes de tener su gran oportunidad con Roush- no lo habría hecho de otra forma.
"La manera en que yo lo hice era mejor a como se hace hoy en día", opinó. "El tener tiempo para crecer como piloto, pero más aún como persona, pienso que fue mejor que lanzar a un chico de 19, 20 años a este mundo. No digo que esté mal hacer eso, tan solo creo que me sirvió bien a nivel personal hacerlo de esa forma.
"Pienso que correr en la Serie Nationwide me dio la oportunidad de madurar. Corrí a tiempo por completo por cuatro o cinco años y eso fue una gran experiencia. Aprendí mucho. Me permitió madurar y me hizo un mejor piloto de carreras. Me hizo una persona más madura antes de pasar a eso. Luego cuando llegué aquí, conduje para un auto que realmente no esperaba ganar. Estaban muy felices con un 15º o 20º puesto. Es un criterio totalmente diferente lo que yo hacía comparado a lo que se hace hoy. Para mi pienso que la forma en que yo lo hice es mejor en ciertos puntos. En otros fue más duro, pero me permitió crecer y entender mejor lo que sucede aquí".
Pero los días en que un piloto tenía cuatro o cinco años para hacer experiencia, o podía estar satisfecho con terminar 20º, parecen estar llegando a su fin. Sin dudas, Logano tiene un talento especial; ha sido marcado por Mark Martin como la gran estrella del futuro desde que estaba en la escuela, y respaldó eso en la pista. Pero es también el producto de un sistema que coloca a pilotos prometedores detrás del volante cuando aún son pequeños, adolescentes en organizaciones de primera, y con equipamiento cuyos antepasados solamente podían soñar con tener a esa edad, y se espera que ganen de forma inmediata. (continúa )