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Racing One
El accidente de Bobby Allison en 1987 todavía vive en la memoria de algunos.

Trayendo el equilibrio a una pista que siempre ha sido algo extraña

Por David Caraviello, NASCAR.COM
28 de octubre, 2009
11:47 PM EDT
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No se necesita una carrera en el fin de semana de Noche de Brujas para que los fantasmas de Talladega Superspeedway aparezcan. Así sea que es un karma o un talismán o el producto de alguna fuerza sobrenatural, siempre ha habido algo diferente sobre esa pista de 2.66 millas enclavada en las colinas del norte de Alabama. El mundo nebuloso que es muy propio de NASCAR ha sido un lugar en el que cosas extrañas y a veces inexplicables han ocurrido, proyectadas frente a cientos de fogatas que le dan un brillo casi de otro mundo.

Talladega Superspeedway
Robert Thrower no hizo un exorcismo, pero sí bendijo la pista, tratando de darle un equilibrio.

No hay otro lugar como este, desde el tamaño, hasta el espectáculo y su turbulenta y a veces trágica historia. Fue en Talladega donde Bobby Isaac abruptamente estacionó su auto y salió, diciendo que había voces que le decían que hiciera eso. Fue en Talladega donde el garaje alguna vez fue destrozado, donde alguna vez el pace car fue robado, donde partes del sector interno aún tienen la reputación de ser tan anárquicas como las áreas tribales de Pakistán. Luego están los otros eventos, los que son mucho más mortales: las explosiones del tanque de agua, los accidentes de helicópteros, los choques en las carreras que han dejado tristeza y devastación en sus pasos.

¿Por qué todo esto en un sólo lugar? La búsqueda de una explicación comenzó a tomar vida por sí misma. La gente decía que la pista fue construida en el sitio de un cementerio de Indios Americanos, y que los espíritus estaban exigiendo su revancha. La gente decía que el nombre de un pueblo de las cercanías era en realidad una palabra indígena que significaba "agua mala". La gente decía que el lugar estaba maldito porque los indígenas habían sido forzados a dejar sus hogares y a irse al oeste como parte del Camino de las Lágrimas. Nada de eso fue verificado jamás, por supuesto. Pero no importó. Aún persiste.

Rick Humphrey, el presidente de la pista, lo ha escuchado todo. Ha escuchado cada trozo de los rumores, mitos y supersticiones sobre porqué su pista, la cual recibe a la serie de la Copa el domingo, tiene una historia tan accidentada y tumultuosa. Así que a través de un conocido, se puso en contacto con una comunidad india basada en un pequeño pueblo a sur de Alabama, cerca del límite con Florida. Y el jueves pasado, un hombre con una cola de caballo y usando una faja con los colores del arco iris llegó para tratar de restablecer el equilibrio en una instalación que ha estado plagada de inestabilidad desde su primer carrera, la cual fue boicoteada por varios de los mejores pilotos debido a temas de seguridad.

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Su nombre era Robert Thrower, y era un curandero de la Poarch Band de los Indios Creek, los mismos Creeks que alguna vez habitaron gran parte de las tierras alrededor de Talladega. Hablando el lengua Muscogee y trabajando desde una mesa plegable ubicada como si fuera en altar en la línea de largada-llegada, Thrower ofreció lo que él llama una plegaria de protección, restablecimiento y equilibrio, para tratar de aliviar cualquier inestabilidad cósmica que rodee la pista. Usando un poco de cedro, tabaco enrollado y salvia salvaje, realizó una corta ceremonia similar a la que su bisabuela, la última curandera tribal, hubiera hecho.

Talladega siempre ha sido un poco loco. Pero hay una cosa: a la gente le gusta que sea un poco loco.

"La mayoría de las cosas entre las creencias de los Nativos Americanos tiene que ver con mantener el equilibrio", dijo Thrower, quien también es ministro Baptista. "A veces la gente o los lugares pueden salirse del equilibrio, y ese desequilibrio puede ser percibido como algo malo. Lo que hicimos hoy fue bendecir la pista, y pedir una reconciliación para que ese balance pueda ser restablecido".

Este tipo de cosas no son inusuales para Thrower, quien frecuentemente bendice casas o campos. ¿Pero una pista de carreras? ¿En una ceremonia pública? Una vez más, si hay algo que puede ser descripto como un poco descentrado, eso es Talladega. ¿De qué otra manera se pueden explicar todas esas latas de cerveza que caían en la recta de adelante después de la victoria de Jeff Gordon en 2007, o la preponderancia del demasiado anatómicamente correcto Mardi Gras en los campings, o ese sentido general y lindero que impregna la pista de carreras y sus alrededores?

Así que sí, tal vez Talladega podría usar un poco de equilibrio. Esperemos que Thrower haya traído la montadora de tabaco enrollado.

"Quería compartir con alguien el mito o la leyenda de que un trazado se había creado en el área por parte de los indios", dijo Humphrey. "[Thrower] se aseguró de que yo supiera que él no venía para hacer algún tipo de exorcismo, y que eso no era lo que queríamos. No mencionó un trazado. Pudo haberlo mencionado una vez durante una oración. Dijo, 'Lo que puedo hacer, y lo que haré, es ir y bendecir la tierra. E iré y restableceré el equilibrio'. Así que realmente, no sabía porqué lo llamaba ni qué le pedía, sólo sabía que quería compartir, de alguna manera, nuestros deseos de dejar atrás las leyendas urbanas y los mitos".

Entonces, ¿qué se hace con esto? Obviamente, hay un elemento de publicidad aquí, con el fin de semana de la carrera aproximándose y con Talladega sumando un 15 o 20 por ciento menos en ventas de entradas respecto del año pasado, al igual que varias otras pistas. Pero como pueden avalarlo totalmente todos los que alguna vez han estado allí, Talladega es un lugar extraño y diferente. Esas fuertes velocidades, esas inclinaciones imposiblemente altas, esos extensos campings, y todo ese pesado humo, en concierto, tienen un efecto acumulativo en la mente. Talladega siempre ha sido un poco loco. Pero hay una cosa: a la gente le gusta que sea un poco loco. Llevan Airstreams, arman carpas y duermen en el frío con la esperanza de estar un poco locos también.

Con todo eso, tienen que preguntarse qué clase de efecto tendrá la bendición de Thrower. El jueves llegará, aparecerán los campistas, las carpas se distribuirán, se podrán abrir latas de cerveza, y Talladega se volverá a convertir en Talladega, así sea que esté en equilibrio o no. Ahora, en términos de protección (especialmente dado el accidente de Carl Edwards allí en la primavera, en el cual su auto voló por el aire superando la barrera, provocando que una mujer se rompa mandíbula por los restos de auto), uno espera que Thrower realmente sí tenga el oído del Gran Espíritu. Porque más que ocurrencias raras, esos son los tipos de incidentes que le dan a Talladega un mal nombre.

Pero podemos esperar, al menos, por un fin de semana seguro y libre de incidentes, por que el equilibrio haya sido verdaderamente restablecido, y por que cualquier espíritu que sobrevuele el Talladega Superspeedway sea de la variedad de los benévolos. Una vez más, el sábado a la noche en Noche de Brujas. Esperemos que el curandero esté de guardia.

Las opiniones expresadas son exclusivas del autor.

The End

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