
FORT WORTH, Texas -- Dave Rogers había ido al gran espectáculo y no se lo perdió. Él mismo había armado algo semejante a un imperio en la Serie Nationwide, formando un equipo como para ganar campeonatos, construyendo autos ganadores en forma continua, y logrando pasar los domingos junto a su esposa y dos chicos. Lo disfrutaba. Amaba eso. Había hallado el equilibrio perfecto entre el hogar y el escenario tan competitivo que es NASCAR, y no estaba golpeando en las puertas intentando volver al nivel de la Copa Sprint.

Pero ese éxito llegó a él. La decisión tomada por Joe Gibbs Racing de reemplazar a Steve Addington como jefe de mecánicos del auto No. 18 de Kyle Busch guió a los ejecutivos del equipo hacia el sucesor natural que estaba dentro del taller de ellos, Rogers, quien ha ganado 14 carreras en las últimas dos temporadas como jefe de mecánicos del auto No. 20 de Gibbs en la Nationwide. No era una oportunidad que él estaba buscando. Pero dado el potencial de Busch, tampoco era algo que él podía rechazar.
"Ciertamente, es una de las decisiones más difíciles que he tomado en mi vida", dijo Rogers el viernes en el Texas Motor Speedway, donde fue vestido con una nueva camisa amarilla y marrón del equipo del auto No. 20. "La vida era muy buena cuando estábamos funcionando bien. Tenía los domingos en casa con mi esposa y los chicos. La vida era grandiosa. No podría haber pedido nada mejor. No tenía necesidad de venir aquí y hacer esto. Sencillamente no tenía necesidad de hacerlo, pero cuando la oportunidad llegó y uno se da cuenta que Kyle es el piloto, y uno ve el equipo de ingenieros que posee Joe Gibbs Racing, uno sencillamente no puede dejar pasar la oportunidad. Esperemos que obtengamos aquí lo mismo que tuvimos del lado de la Nationwide".
La hesitación de Rogers es comprensible, dado lo que experimentó antes en la gira del Copa Sprint, algo que no resultó placentero. El oriundo de Vermont era un ingeniero en el auto No. 20 de Tony Stewart previo a la temporada 2005, cuando Gibbs lo promovió a jefe de mecánicos y lo puso a la par de Jason Leffler, para atender el nuevo auto del equipo, el No. 11. Pero sus dos personalidades nunca engranaron bien, no había buena comunicación, y a resultas de eso el auto no anduvo bien. Rogers supo que la cosa no estaba funcionando, y hasta llegó a sugerir un cambio de jefe de mecánicos a los responsables del equipo, quienes le dijeron que insistiese. (continúa )